Reflexiones sobre la Mujer
Inspiradas por la vida de Edith Stein
Ann Mc Carthy Zavala
Xavier Zavala Cuadra
Edith Stein, judía alemana, dedicó su sorprendente inteligencia,
Al buscarla,
En el Carmelo de la ciudad de Colonia
En su Cruz Las reflexiones sobre la mujer aquí presentadas brotaron en nuestras mentes cuando pensábamos y leíamos sobre la persona y la vida de Edith Stein. Dos libros nos ayudaron: A) The Collected Works of Edith Stein. Sister Teresa Benedicta of the Cross. Discalced Carmelite. ESSAYS ON WOMAN. Vol. 2. Edited by Dr. Lucy Gelber and Romaeus Leuven, O.C.D. Translated by Freda Mary Oben, Ph.D. ICS Publications. Institute of Carmelite Studies, Washington, D.C., 1996. B) Edith Stein. La Mujer. Su naturaleza y misión. [Título original: Die Frau-Ihre Aufgabe nach. Natur und Gnade]. Traductores: Alberto Pérez Monroy y Fco Javier Sancho Fermín. Monte Carmelo, 1998. 1 La vocación natural de la mujer
sus escritos, sus conferencias, sus clases,
a buscar una cultura que respetase la dignidad de la mujer.
llegó a ser atea, después llegó a cristiana, después a carmelita.
tomó el nombre de Teresa Benedicta de la Cruz.
respiró el aire de muerte de Auschwitz Birkenau.
En su Cruz
exhaló el aire de vida de la Resurrección.
En su Cruz
confirmó su ser mujer para toda la eternidad.
¿Cuál es esta vocación natural de la mujer? ¿Cómo reconocerla y distinguirla con claridad? Nos hacemos estas preguntas porque hemos oído que el apasionamiento en la polémica sobre la dignidad de la mujer llevó a la ceguera de los que la adversaban. ¿Existe todavía este tipo de cegados? Que la sabiduría y el heroísmo de Edith Stein (Teresa Benedicta de la Cruz) nos ayuden.
¿Hacia dónde y hacia qué lleva a la mujer esta vocación natural? ¿Hacia dónde y hacia qué lleva a su alma y a su cuerpo?
Lleva a saber ser madre. A saber ser la madre de nuevos seres humanos.
Lleva a saber ser compañera. A saber ser la compañera de un varón nacido de otra mujer.
Edith Stein (Teresa Benedicta de la Cruz) creyó y enseñó que Dios ha confiado esta vocación a toda mujer. Para Dios "confiar" es "encargar", es "estar a cargo".
Es la vocación apropiada a la mujer.
Es la vocación apropiada a su alma y a su cuerpo.
Es la vocación apropiada a la que sabe reconocer el valor de lo viviente.
Por esta vocación, la mujer custodia, la mujer protege, la mujer conserva, la mujer nutre, la mujer alimenta, la mujer favorece, la mujer ayuda al crecimiento.
Sin embargo, la mujer no se interesa fácilmente en "lo inerte", en "lo no viviente", en "la cosa". Solo se interesa en eso cuando lo "no viviente" parece útil a personas vivientes.
Algo similar acontece a la mujer cuando trata de conocer. Su modo de conocer no es mediante análisis teóricos. Su modo de conocer es, secillamente, acercase al viviente para contemplarlo y sentirlo.
Por ser así, la mujer no queda satisfecha cuando solamente protege y educa a sus propios hijos. Se sabe capaz de más y quiere proteger y educar también a su esposo, también a los que le son asequibles.
El hombre varón es diferente: va a "su cosa" ¡y espera de los otros que se interesen en lo que él hace!
¿Cómo reacciona la mujer ante esta pretención masculina? Por capaz, la mujer puede ofrecer al varón el interés que el varón espera, ¡incluso cuando ella tendría que familiarizarse con asuntos que le son extraños!
Toda esta participación de la mujer en la vida del varón la lleva y nos lleva, frente a Dios y frente a su Ley:
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"Sed sumisos los unos a los otros en el temor a Cristo. La mujeres a sus maridos, como al Señor, porque el marido es cabeza de la mujer, como Cristo es cabeza de la Iglesia... Así como la Iglesia es sumisa a Cristo, así también las mujeres deben estarlo a sus maridos en todo." [Efesios, 5:21-24.] "Maridos, amad a vuestras mujeres como Cristo amó a la Iglesia y se entregó a sí mismo por ella, para santificarla, purificándola mediante el baño del agua, en virtud de la palabra, y presentársela resplandeciente a sí mismo; sin que tenga ni mancha ni arruga ni cosa parecida, sino que sea santa e inmaculada. Así deben amar los maridos a sus mujeres, como a sus propios cuerpos." [Efesios, 5:25-28.] |
2
La "naturaleza humana caída"
El "pecado original"
¿Cómo entiende Dios a los hombres? ¿Cómo entendemos los cristianos el "pecado original"? Nos respondemos resumiendo el Catecismo de la Iglesia Católica.
[396] Dios creó al hombre a su imagen. También lo creó amigo suyo. El hombre, por ser imagen de Dios, no podía gozar de la amistad con Dios sin obedecer a Dios.
[397] Tentado por el diablo, dejó que muriera en su corazón la amistad que ya tenía con su Dios. Abusando de su libertad, desobedeció el mandamiento de su Dios.
[398] Se prefirió a sí mismo en lugar de preferir a Dios.
[399] Adán y Eva, juntos, perdieron el don de la santidad original y comenzaron a tenerle miedo a Dios.
[400] Quedó destruida la armonía en la que habían vivido. Quedó quebrado el señorío del espíritu sobre el cuerpo. La unión entre el varón y la mujer fue sometida a tensiones. La creación visible pareció extraña y hostil. El hombre vuelve al polvo del que fue formado.
[401] Una invasión de pecado inunda el mundo.
[402] Todos los hombres quedamos manchados por el pecado de Adán y Eva. Lo afirma san Pablo: "Por la desobediencia de uno, todos fueron considerados pecadores" (Romanos 5,19). Aunque san Pablo también enseña y afirma que "por la justicia de Uno —Cristo— todos podremos ser justificados. (Romanos 5,18).
[404] ¿Cómo el "pecado de Adán y Eva" pasó a ser "pecado de todos nosotros"? Fue más bien asunto del uso de la palabra pecado: por analogía llamamos "pecado" a lo que más bien fue haber quedado contaminados de los efectos del mal. Conocimos esos efectos cuando comprendimos que habíamos perdido la santidad y la justicia originales.
[405] El Bautismo cristiano ciertamente nos devuelve a Dios, pero la naturaleza humana quedó debilitada e inclinada al mal. Por eso el bautismo cristiano es también la convocatoria a un muy recio combate con el mal que nosotros ya somos.
[406] Esta doctrina de la Iglesia sobre la "transmisión del pecado original" fue precisada en el siglo V gracias a las reflexiones de san Agustín frente al pelagianismo. También fue precisada en el siglo XVI cuando la Iglesia defendió la verdad frente a la Reforma protestante.
[407] Ignorar que el hombre había quedado con su naturaleza herida —con su nauraleza inclinada al mal— dio lugar a graves errors en la educación, en la política, en la acción social, en las costumbres.
3
La Mujer Caída
Edith Stein (Teresa Benedicta de la Cruz), quien, como vimos, supo hablar con admirable hondura y acierto de "la vocación natural de la mujer", también supo hablar con similar hondura y acierto de la naturaleza femenina contaminada.
Edith Stein escribió de "una mancha adherida a su naturaleza". Una mancha similar a la adherida a toda la naturaleza humana. Una mancha que dificulta el desarrollo de su verdadera grandeza. Aquí vamos a mencionar solamente algunas manifestaciones de ese mal:
Enfermizo intento de engrandecimiento propio.
Tendencia exagerada a interesarse solo en ella.
Pretención a que las otras personas se interesen solo en ella.
Excesivo buscar ser alabada.
Excesivo buscar sobresalir.
Hablar solo de lo propio.
Excesivo interés en hablar de la vida privada de las otras y los otros.
Chismorroteo.
Acaparar a una persona.
Pretender saber de todos los campos de la vida humana.
4
La Redención de la mujer
con la Madre del Redentor como modelo
En el centro de la vida de La Madre del Redentor estuvo y está siempre la vida de Su Hijo. Esperó su nacimiento con gozo. Protegió su infancia. La primera gran espada en su corazón fue cuando el Hijo se les perdió en el camino de regreso. Los caminos del Hijo son los caminos de la Madre. Cuando alguien pregunta qué hacer, responde: "Haga lo que Él le diga". Permanece al pie de la Cruz de la que cuelga su Hijo. Sostiene con sus brazos y contra su pecho al Hijo muerto. Es la madre, pero también es la esclava del Señor.
¿Puede una mujer acercase a las alturas de la Madre del Redentor? ¡No puede!
¿Puede una mujer acercarse a lo que Edith Stein llamó "vocación natural de la mujer"? ¡Sí puede! Puede si acepta la convocatoria del bautismo al recio combate contra ella misma.
Edith Stein sabía que ese combate no era fuera de ella sino dentro de ella. Por eso esperaba que las mujeres tuvieran honda y frecuente vidas eucarísticas y litúgicas.
5
La mujer como miembro del Cuerpo Místico de Cristo
Recordemos que los seres humanos nos hacemos miembros de diversas comunidades para ayudarnos unos a otros. Entre esas comunidades, distinguimos a unas con el nombre de comunidades naturales y a otras con el nombre de comunidades sobrenaturales.
Gracias a las capacidades humanas con que Dios nos creó, podemos ser miembros de las comunidades naturales. Gracias a las nuevas capacidades con que Dios nos redimió, podemos ser miembros de las comunidades sobrenaturales.
Recordemos, además, que no venimos al mundo educados. Venimos necesitados de educación.
¿Qué da a la persona la educación religiosa? Le ayuda a ser capaz de encontrar su puesto en el "Cuerpo Místico de Cristo", que es lo mismo que decir le ayuda a ser capaz de encontrar su puesto en la "Comunidad de los Creyentes".
Al dar el nombre de "cuerpo" a la comunidad sobrenatural de la Iglesia, reconocemos que la Iglesia es un cuerpo, un organismo, en el que sus miembros actúan y trabajan. ¿Hay algo exclusivo de la mujer en este actuar y trabajar de los diversos miembros? Según Edith Stein, la mujer —llegada a lo más alto de su desarrollo— personifica a la Iglesia. La mujer se da, como se da la Iglesia. La mujer se multiplica en personas que se dan, como se multiplica la Iglesia.
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NATURALES Y SOBRENATURALES
Las comunidades NATURALES que mencionamos arriba no son casuales e impensados encuentros de seres humanos, son MÁS que eso y tienen algo en común que nos permite distinguirlos de otros.
Pero las comunidades SOBRENATURALES, también mencionadas arriba, no son solamente diferentes de las comunidades naturales, son infinitamente distintas por ser obra de hombres y obra de Cristo. Llamamos misterio a lo que no podemos explicar.
Aunque no podemos explicarlo, podemos repetir lo dicho con otras palabras: los miembros de comunidades sobrenaturales son mujeres y varones enraizados en Cristo. Enraizados en Cristo por obra de Cristo. Enraizados en Cristo con el consentimiento de las mujeres y de los varones enraizados en Él.
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